El Burrito y Lavandina, serenos a horas de la gran revancha con la Liga. El 1-1 en casa no los inquieta. “Nosotros tenemos que ganar”, dicen.
Lógico, dos pulmones no alcanzan. Por eso, Ramón Díaz los multiplica, en busca de repetir la épica actuación de Potosí. Ejecutando bocanadas salvadoras, el entrenador toma aire profundamente y echa mano del mayor fondista de este San Lorenzo soñador, Diego Rivero, disponible luego de haber cumplido la suspensión por la expulsión frente a River ("pasar a la semifinal sería una linda revancha para mí", confiesa). En combo explosivo, reviviendo un tándem exitoso en los 4.070 metros de altura de Bolivia, delante del aguerrido volante se parará, una fija, Gonzalo Bergessio, todoterreno si los hay en esta plantilla. Juntos, serán los principales encargados de dar batalla en los 2.850 metros de Quito, aliados de una Liga que sólo sufrió un gol en contra en su Casa Blanca: el consuelo de Arsenal, que marcó ese tanto pero recibió seis. Para colmo, el antecedente del 1-1 en el Nuevo Gasómetro le quita el sueño a más de un Cuervo, ya que obliga al equipo a anotar una vez para después seguir conversando. Así las cosas, las tanquetas del Ciclón ponen el pecho y sus varios pulmones, afirmando que "como siempre, intentaremos ganar el partido. Es lo único que nos sirve". Instalados en Ecuador, pero no en Quito, sino en Guayaquil, para evitar, justamente, los efectos de la altura, Bergessio y Rivero charlan con Olé con la escenografía del lujoso Hilton Colón, relativamente alejado de la esquizofrenia del centro de la ciudad, cuya música funcional se basa en bocinazos de mil tonos, desde las 7 AM. A horas del decisivo choque frente a la Liga, el Burrito admite que el rival "sorprendió bastante. Se dedicaron a jugar muy bien; en el segundo tiempo, lógicamente, se metieron atrás y nosotros no la pudimos embocar; pero es un lindo equipo, que juega muy bien. Ojalá que podamos ganar".