Las huellas no se ven, pero existen y se multiplicaron. Los jugadores de Racing llegan a la Promoción como una tropa de soldados que a cada paso soportó explosiones de minas. Situaciones adversas variadas, algunas insólitas, otras desafortunadas. La mochila que arrastran resulta intolerable y desesperan por desahogarse. Pisaron Córdoba impulsados por la fuerza que aprendieron a sacar del amor propio, intentando digerir el 0-1 ante Colón que hace menos de tres días los condenó a la condenada Promoción, ésa de la que tanto se habló y de la que no hubo escapatoria. Y que tiene fecha y hora: hoy, a las 21.10.
"En este momento iniciamos nuestro descenso", fue el mensaje de boca del comandante del avión que depositó al plantel en tierra cordobesa. Sonó violento, irónico, gracioso. Una frase común en cualquier vuelo de línea, pero chocante en oídos racinguistas a horas de jugarse la pilcha contra Belgrano. Aunque, por oposición, es un estímulo. Si hay dolor, que no se note. Basta de lágrimas, de ésas que tanto cayeron en el último mes, derramándose sobre el campo de batalla o en el vestuario posterior. Ya es hora de darle un final a la angustia, de correr el cierre de aquella mochila de plomo, de la que brotan problemas que van desde lo futbolístico y lo político hasta la cambiante relación con los hinchas, para comprenderlos y reciclarlos en hambre de gloria.
Plantel pobre en calidad, este Racing consideró milagroso ganar en el Clausura (sólo Arsenal y Huracán). Cartas ofensivas clave en bajo nivel (Sava y Moralez), otros que aportaron poco (Avalos, Malano, Navia, Estévez), las lesiones de Hilario, Bastía, Campagnuolo y de Navia. Y la mala suerte como agregado letal: el cimbronazo anímico de Yacob por los problemas de salud de su mamá y la inédita fractura de cráneo de Gonzalo García por un pelotazo de Cáceres Un atentado al microclima tantas veces expuesto por Llop, protagonista indirecto de otro golpe: el cambio de técnico en medio del río.
El viaje a Córdoba fue relajado, con el plantel separado en grupitos y mezclado entre la gente (incluido Campagnuolo, quien se sumó para hacer el aguante). El vuelo de LAN tuvo cinco minutos de turbulencia. Cinco minutos nada más Lo que para muchos pudo ser eterno, para este equipo es una ganga. Acostumbrados a sentirse solos y en un tembladeral ( somos nosotros y la gente, nada más , se repitió de parte de los jugadores), sin apoyo de De Tomaso, confundidos en cuanto a quién manda. Si hasta en un entrenamiento, separados por un breve lapso, pasó primero García Cuerva -interventor- y luego De Tomaso -gerenciador-. Desconcierto. Quién nos va a pagar , se preguntaban los futbolistas, quienes en Santa Fe el domingo y ahora en Córdoba, dos partidos decisivos, sólo contaron con la compañía de Carlos Graneros, apoderado de Llop y mecenas que se hace cargo de la concentración en el Howard Johnson de Pilar. Y García Cuerva y De Tomaso
El Sheraton cordobés arde de gente. Hoy juega Racing pero el sábado Los Pumas, y el lobby es un lío de gente. Posiblemente, para Martínez Gullota y Shaffer, quienes de tan poco que cobran casi que no llegan a fin de mes, el paso por este lujoso hotel es un obsequio que les regala el fútbol. No hay más de una decena de hinchas alentando en la previa. La relación gente-equipo es tan compleja como los resultados obtenidos, pero como ya no hay espacios para lágrimas tampoco para reproches. De la mochila salen, también, los insultos y la quema de una bandera en el entrenamiento, y la reprobación generalizada en el partido con Gimnasia (el hiriente ahí están, ahí los ven, los que nos mandan a la B ). Quizá llegó el momento de deshacerse de ese peso y caminar liviano, libre de culpa. Lo que no mata, fortalece y Racing tiene una vida. Es hora de otro tipo de desahogo.
"En este momento iniciamos nuestro descenso", fue el mensaje de boca del comandante del avión que depositó al plantel en tierra cordobesa. Sonó violento, irónico, gracioso. Una frase común en cualquier vuelo de línea, pero chocante en oídos racinguistas a horas de jugarse la pilcha contra Belgrano. Aunque, por oposición, es un estímulo. Si hay dolor, que no se note. Basta de lágrimas, de ésas que tanto cayeron en el último mes, derramándose sobre el campo de batalla o en el vestuario posterior. Ya es hora de darle un final a la angustia, de correr el cierre de aquella mochila de plomo, de la que brotan problemas que van desde lo futbolístico y lo político hasta la cambiante relación con los hinchas, para comprenderlos y reciclarlos en hambre de gloria.
Plantel pobre en calidad, este Racing consideró milagroso ganar en el Clausura (sólo Arsenal y Huracán). Cartas ofensivas clave en bajo nivel (Sava y Moralez), otros que aportaron poco (Avalos, Malano, Navia, Estévez), las lesiones de Hilario, Bastía, Campagnuolo y de Navia. Y la mala suerte como agregado letal: el cimbronazo anímico de Yacob por los problemas de salud de su mamá y la inédita fractura de cráneo de Gonzalo García por un pelotazo de Cáceres Un atentado al microclima tantas veces expuesto por Llop, protagonista indirecto de otro golpe: el cambio de técnico en medio del río.
El viaje a Córdoba fue relajado, con el plantel separado en grupitos y mezclado entre la gente (incluido Campagnuolo, quien se sumó para hacer el aguante). El vuelo de LAN tuvo cinco minutos de turbulencia. Cinco minutos nada más Lo que para muchos pudo ser eterno, para este equipo es una ganga. Acostumbrados a sentirse solos y en un tembladeral ( somos nosotros y la gente, nada más , se repitió de parte de los jugadores), sin apoyo de De Tomaso, confundidos en cuanto a quién manda. Si hasta en un entrenamiento, separados por un breve lapso, pasó primero García Cuerva -interventor- y luego De Tomaso -gerenciador-. Desconcierto. Quién nos va a pagar , se preguntaban los futbolistas, quienes en Santa Fe el domingo y ahora en Córdoba, dos partidos decisivos, sólo contaron con la compañía de Carlos Graneros, apoderado de Llop y mecenas que se hace cargo de la concentración en el Howard Johnson de Pilar. Y García Cuerva y De Tomaso
El Sheraton cordobés arde de gente. Hoy juega Racing pero el sábado Los Pumas, y el lobby es un lío de gente. Posiblemente, para Martínez Gullota y Shaffer, quienes de tan poco que cobran casi que no llegan a fin de mes, el paso por este lujoso hotel es un obsequio que les regala el fútbol. No hay más de una decena de hinchas alentando en la previa. La relación gente-equipo es tan compleja como los resultados obtenidos, pero como ya no hay espacios para lágrimas tampoco para reproches. De la mochila salen, también, los insultos y la quema de una bandera en el entrenamiento, y la reprobación generalizada en el partido con Gimnasia (el hiriente ahí están, ahí los ven, los que nos mandan a la B ). Quizá llegó el momento de deshacerse de ese peso y caminar liviano, libre de culpa. Lo que no mata, fortalece y Racing tiene una vida. Es hora de otro tipo de desahogo.